Sabes quién eres, pero no quién puedes llegar a ser
Y es lo más esperanzador de estar vivo
Te doy la bienvenida a Jardín Mental, una newsletter sobre creatividad, vida enfocada y sistemas para escribir y construir proyectos en internet. Para explorar la biblioteca completa, entra aquí.
🏷️ Categorías: Lecciones de vida.
Muchas frases pasan por delante de nosotros sin dejar rastro. Otras nos marcan.
Aparecen sin avisar, en el peor momento, y por eso mismo en el más oportuno para marcarnos. Son el mensaje que necesitas recibir cuando menos lo esperabas. Puede que alguna vez te haya pasado. Que una frase te quitase hasta el sueño.
Hace poco me topé con una de esas y aún me persigue.
“Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos llegar a ser.”
Perdí la cuenta de las veces que la releí aquella tarde. Vino cuando la necesitaba.
Llevaba tiempo pasando por un mal momento, un bache de la vida.
Por fuera, uno no está tan mal, pero por dentro lo ocupa absolutamente todo. Empiezas a cuestionarte cosas que dabas por resueltas hace años, dudas de decisiones que en su día parecían evidentes, te encuentras tan desorientado que ni sabes qué harás con tu vida… No he salido de ese lugar aún, te debo confesar, y tampoco puedo prometerte que sepa cuánto me queda dentro de él.
Pero esa frase movió algo.
No resolvió nada en el acto, pero me devolvió algo que había dejado de ver: sentirme así hoy no significa que esté condenado a sentirme así para siempre.
Sabemos lo que somos.
No sabemos lo que podemos llegar a ser.
Me vino esa tarde a la cabeza una historia que quizá conoces: la del barco de Teseo. Es una hermosa paradoja que encierra una gran lección. Imagina un barco que, con los años, va perdiendo piezas: las tablas se rompen, el mástil pierde estabilidad, las velas de deshilachan. Cada sustitución es mínima, en apariencia, el barco se ve igual. Sin embargo, tras tanto parches y reparaciones un día te das cuenta de que ya no queda nada del barco original.
La pregunta, entonces, es esta: ¿Sigue siendo el mismo barco?
Los filósofos llevan siglos dándole vueltas sin ponerse de acuerdo. A mí, sin embargo, me interesa otra manera de mirarlo. La cuestión no es elegir entre “sí” o “no”, prefiero aceptar que son ciertas las dos cosas a la vez.
Sigue siendo el mismo barco, pero también es otro distinto al que zarpó.
¿Que cómo es eso?
El que zarpó del puerto era ingenuo y sin cicatrices, pero poco a poco ha atravesado todo tipo de tormentas, ha vuelto una y otra vez a puerto para ser reparado y, aunque no quisiéramos, ha tenido que desprenderse de partes de sí mismo, para seguir siendo capaz de navegar. Por eso ya no es el mismo.
No diré que ahora es mejor o peor, solo distinto.
Pensando en esta situación y los baches que todos afrontamos me pareció que somos igual que ese barco. Hay trozos de nosotros que, sin remedio, tenemos que dejar ir por nuestro bienestar general. La persona que eras hace diez años ya no está. Tampoco la de hace cinco. Ni siquiera la de hace apenas unos meses ha sobrevivido intacta hasta hoy. Has cambiado de ideas, quizá de prioridades, perdiste o cambiaste miedos, si fue el triste caso, has perdido a gente por el camino, pero quizá has encontrado a otra distinta; has aprendido cosas que antes ni imaginabas que existían y has dejado atrás certezas que un día fueron claras.
Has ido cambiando tablas del barco.
Y aun así sigues diciendo “yo” con total naturalidad.
La identidad no permanece intacta, es más bien el proceso de reparar el barco que somos mientras seguimos navegando mar adentro. Esa idea es la que más me ha sostenido estos días duros. Pensar que este momento concreto no tiene por qué definirme para siempre. Que este cansancio, por muy instalado que parezca, no tiene por qué ser una condición permanente. Quizá estés pasando por algo similar o lo has pasado hace un tiempo. Está claro que sigue siendo incómodo, hay días en los que todo tiene un peso aplastante, pero ya no cargo con la sensación de estar condenado a ser esta versión de mí mismo para siempre.
Me encantaría darte la fórmula para salir de ahí intacto y rápido.
No existe esa fórmula.
Lo único que puedo decirte con honestidad es que el tiempo ayuda y las personas de calidad suman. Aunque ahora mismo cueste imaginarlo, llegará un día en el que mires atrás y apenas reconozcas a la persona que un día fuiste.
Sabemos lo que somos,
pero no lo que podemos llegar a ser.
Cuídate.
— Álvaro
¿Quieres saber más? Aquí van 3 ideas relacionadas para profundizar:
✍️ Te toca a ti: ¿Quién ha sido una de esas personas que te ha ayudado a reparar tu barco cuando sentías que ya no podías seguir navegando?
💭 Cita del día: «En realidad no he cambiado. Solo me han podado y me han salido nuevas ramas. Mi verdadero yo sigue aquí.» — L. M. Montgomery, Anne of Green Gables
P. D. También ofrezco consultorías 1:1 para crecer en Substack.
Si has empezado y no sabes cómo funciona, o llevas tiempo pero estás estancado, esto te servirá. Te ayudo a encontrar tu dirección, posicionarte cómo líder en tu temática y construir un sistema adaptado a tu caso para crecer de forma sostenida.
¿Credenciales? +94.000 lectores globales en 2 años, crecimiento 100% orgánico, con ~250.000 visitas mensuales. Todo desde cero, escribiendo yo solo en ratos libres.
Si te interesa, escríbeme a: jardinmental@proton.me




Permíteme, Álvaro, que comparta una frase que pasó delante de mí hace unos días y que se me ha marcado a fuego.
«Mi padre era jardinero. Ahora es jardín.»
Es de Gueorgui Gospodínov, de su novela "El jardinero y la muerte". Ahora mismo estoy atrapado en su "Física de la tristeza", pero algo me dice que "El jardinero y la muerte" será la próxima que leeré.
Se dice que con el tiempo aprendes a vivir con la ausencia de un ser querido. Creo que es verdad. También creo que aprender a vivir con su ausencia no significa, por supuesto, olvidar ni que deje de doler, solo se aprender a vivir con ese vacío. Justo ahí es donde entró, sin verla llegar, la frase de Gospodínov. Un día estás tranquilo y lees una frase que te despierta recuerdos, y lo digo en el mejor de los sentidos. Para mí, estos días, ha sido esa frase.
No es lo mismo leer un texto como este cuando estás bien que cuando estás (muy) mal. Así que me tatuaré esta frase, porque ahora mismo me cuesta saber quien soy, pero creo en aquel que puede llegar a ser. Gracias.