Vincent van Gogh y el peligro de compararte con los demás
Notas de gigantes - Número 41
Te doy la bienvenida a Jardín Mental. La siguiente carta es parte de nuestra colección “Notas de gigantes“, en la que exploramos los pensamientos de las grandes mentes de la humanidad.
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🏷️ Categorías: Lecciones de vida, Motivación.
Vincent van Gogh nunca llegó a vivir el éxito que hoy se asocia a su nombre.
Durante gran parte de su vida, lo único que sintió fue duda.
Van Gogh era pintor. En tan solo una década, creó casi 1000 cuadros y cientos de dibujos. Trabajaba con una intensidad extraordinaria. Sin embargo, el reconocimiento nunca llegaba por más que se esforzara. Otros artistas recibían elogios y tenían estabilidad económica. Tras esta prolífica década, calificó su propio trabajo como de importancia “muy secundaria” (Department of European Paintings, 2010).
Van Gogh apenas logró vender una sola pintura en vida… (Thiange, 2023).
Pasaba largas horas reflexionando sobre su trabajo y su valor. En muchas cartas que enviaba a su hermano Theo, quien lo apoyaba económicamente y emocionalmente, expresaba su confusión. En una le escribió así…
“Hoy volví a ver al Dr. Gachet y voy a pintar en su casa el martes por la mañana, luego cenaré con él y después vendrá a ver mi pintura. Él me parece muy razonable, pero está tan descorazonado con su oficio de médico rural como yo con mi pintura… (Van Gogh, 4 de junio de 1890).
Sentía un deseo ardiente de crear, pero siempre dudó del valor de su creación.
Nunca pudo resolver esa duda.
Murió dos meses después de escribir esta carta y sin saber que, décadas después, su obra cambiaría la historia del arte y sería admirada en todo el mundo. Su historia refleja una verdad incómoda: somos pésimos jueces de nuestro propio trabajo.
No tenemos ni la más remota idea del impacto que nuestra obra tendrá.
Solo nos queda crear, no juzgar la creación.

Juzgar no es nuestra tarea
Durante dos años, he publicado artículos cada dos días en Jardín Mental.
Unos días las palabras fluyen. Otros no. Incluso ha habido muchas ocasiones en las que he sentido una versión más pequeña de lo que Van Gogh experimentó. La verdad.
“He escrito un buen artículo. ¿Por qué parece que a nadie le interesa?”
“Este artículo es normalito… ¿cómo se ha convertido en el más leído del mes?”
Al final he aprendido algo: somos pésimos evaluando nuestro propio trabajo.
La historia de Van Gogh lleva esta idea un paso más allá. No solo es que seamos malos jueces, es que tampoco es nuestra tarea juzgarlo. No es nuestro trabajo comprarlo con el de otros. No es nuestra tarea determinar cuánto valor tiene o cuán útil puede resultar. No es nuestro trabajo decirnos a nosotros mismos: “No vale”.
Nuestra responsabilidad es crear.
En casi cualquier profesión hay personas que transforman su trabajo diario en una forma de arte. De algún modo, todos creamos. Y quien crea también se juzga, pero la clave es no dejar que ese juicio te paralice.
Los grandes artistas siguen creando, incluso cuando cuesta.
Mira la cancha, no el marcador
En mi primer equipo de baloncesto, recuerdo que mi entrenador detenía el partido y en el descanso nos decía siempre: “poned los ojos en el juego, no en el marcador”.
Quizá solo intentaba enseñar a niños a no distraerse mirando quién anotaba más o a no venirse abajo si íbamos perdiendo. Pero dentro de esa frase había un mensaje más profundo: da igual si vas ganando de 20 o perdiendo de 40. Lo único que marca la diferencia es lo que haces ahora en la cancha.
Lo que marca la diferencia es jugar tu parte del partido.
Lo mismo ocurre con tu oficio. Da igual a qué dediques tus días, cada mañana entras a la cancha con un partido por jugar. Si lo que haces no cumple las expectativas de otros, no es asunto tuyo. Cómo los demás perciben tu trabajo depende de sus gustos, experiencias y expectativas. Ninguna de las tres cosas dependen de nosotros.
Tu responsabilidad es jugar, no juzgar el partido.
La clave es enamorarte del juego, no del marcador.
Mantén los ojos en el juego.
¿Quieres saber más? Aquí tienes 3 ideas relacionadas para profundizar:
✍️ Te toca a ti: ¿Qué pequeña acción podrías hacer ahora mismo para enamorarte de tu oficio sin pensar tanto en el resultado?
💭 Cita del día: «El artista que se compromete con su vocación se ha ofrecido para el infierno, sepa o no lo que hace. Cenarás durante mucho tiempo con aislamiento, rechazo, duda de ti mismo, desesperación, ridículo, desprecio y humillación.» — Steven Pressfield, La guerra del arte.
¡Nos vemos en la próxima! 👋





¡Hola, Álvaro!
Me aparece que cuando creamos obras (textos, informes, explicaciones, acciones entre otros muchos mas) hay un sentido propositivo en lo que hacemos. A veces, una obra ya tiene valor por lo que deja en quien la crea: porque ayuda a ordenar, comprender, expresar o transformar algo dentro de uno mismo. Y si además esa obra logra llegar a otra persona, acompañarla o hacerle comprender un concepto de una forma distinta, entonces ese valor crece aún más.
Por eso, seguir creando siempre vale la pena. Tus obras tienen ese valor: primero por lo que nacen de ti, y también por lo que pueden despertar en quienes te leemos.
¡Adelante en este mar de colores!
Excelente artículo. Muchas gracias por compartirlo con tus lectores, estoy pasando por una transición similar donde lo que realizó parece no tener valor para nadie, solo para mi.
Solo me queda ponerle ganas y no desmoralizarme que al final la única aprobación importante es la mía
Bendiciones. Un gran abrazo