La Navidad no siempre fue así
Destilando libros - Número 23
Te doy la bienvenida a Jardín Mental. La siguiente carta es parte de nuestra colección “Destilando libros“, en la que extraemos las ideas más reveladoras de la literatura.
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🏷️ Categorías: Historia, Relaciones sociales.
La Navidad no siempre fue una fiesta familiar, amable y luminosa.
Durante siglos fue todo lo contrario.
Lo que hoy asociamos con cenas en casa y niños expectantes de regalos fue una fiesta de ruido, exceso, desorden y suspensión deliberada del orden social, tal y como escribe Stephen Nissenbaum en The Battle for Christmas. Un carnaval invernal en el que casi todo valía. Y entender esto no es solo curiosidad histórica: es pista clave para entender cómo las sociedades usan las fiestas para equilibrar sus tensiones internas.
Aquí viene una historia mucho más caótica y fascinante de esta mítica fiesta.

1. La Navidad como carnaval
La Navidad nació como una inversión del orden social.
En sus orígenes europeos, especialmente entre los siglos XVI y XVIII, la Navidad era un período de exceso ritualizado, año tras año. Comer hasta reventar, beber sin freno, burlarse de la autoridad y romper las normas era la nueva norma. Era un “carnaval invernal”, una válvula de escape en sociedades marcadas por la escasez constante, el trabajo físico duro y jerarquías rígidas donde era muy difícil prosperar.
Era una celebración pública con procesiones, bandas de música, borracheras colectivas, burlas a las autoridades y hasta hay registros de invasión de las casas ricas.
El mundo se ponía patas arriba unos días para seguir en pie el resto del año.
Pero todo esto tenía un sentido…
En las sociedades agrícolas del norte de Europa, diciembre marcaba el final del ciclo productivo. La cosecha estaba recogida, los animales ya habían sido sacrificados, la cerveza y el vino ya estaban fermentados. Era el único momento del año con carne fresca, alcohol disponible y tiempo libre.
¿Qué harías tú en esa situación?
Celebrar.
La escasez del resto del año explica la explosión de alegría que era la Navidad. Era algo biológico, ligado a los ciclos naturales de las cosechas, y eso resulta clave entender que la fecha no era sagrada. Como señala Stephen Nissenbaum, esta fecha no tenía una base bíblica ni religiosa clara, fue elegida por la Iglesia en el siglo IV porque coincidía con el solsticio de invierno, ya celebrado antes por paganos.
La Navidad cristiana fue un barniz religioso sobre rituales mucho más antiguos.
La tradición “cristiana” nació con origen pagano y por eso generó gran rechazo al inicio entre los propios cristianos más puritanos. En la América colonial, en Nueva Inglaterra, la Navidad fue prohibida. Entre 1659 y 1681 celebrarla en Massachusetts era ilegal. Los puritanos no veían nada cristiano ahí, solo exceso, desorden moral y una oda al despilfarro del trabajo de todo un año.
No era una fiesta familiar: era pública y difícil de controlar. Por eso fue perseguida.
Y aun así, resistió.
2. Cuando la fiesta salió de la calle y entró en casa
Durante siglos, la Navidad no se celebró en el salón de casa.
Este desorden y exceso tenía una clara función social cuando la población era campesina, como has visto, era la única fecha de abundancia en todo el año y el desenfreno de la celebración era un pequeño lujo tras todo el año de trabajo.
El caos tenía límites invisibles y servía para liberar tensiones.
Pero ese equilibrio se rompió.
Con la llegada del capitalismo industrial, el trabajo dejó de seguir ciclos naturales. Para muchos, diciembre ya no era descanso, la producción industrial no tenía esos ciclos y la Navidad dejó de ser sinónimo de abundancia.
La fiesta ya no liberaba. La población seguía cansada, pero ahora sin válvula de escape.
A principios del siglo XIX, esa tensión estalló.
Un buen ejemplo es el año 1828, que fue brutal: En Nueva York, bandas de jóvenes trabajadores recorrieron barrios ricos rompiendo ventanas y entrando a robar en casas, saqueando tiendas y atacando iglesias y varios espacios públicos.
Lo que antes era caos controlado se volvió peligroso para las élites gobernantes.
La Navidad dejó de ser tolerable para los que estaban en el poder, ahora era peligrosa.
Y ahí comenzó su transformación definitiva.
3. Santa Claus como solución cultural
La respuesta de los gobernantes fue astuta.
Figuras como John Pintard impulsaron un cambio radical: sacar la Navidad de la calle y meterla en casa para así evitar la agrupación de grandes masas. Al convertirla en una celebración privada, el foco pasó de la comunidad al núcleo familiar.
Y dentro de la familia, a los niños, todavía más pacífico.
En ese proceso apareció una nueva figura central.
Santa Claus.
Como señala Stephen Nissenbaum, esta figura mítica no es una figura ancestral trasladada intacta desde Europa, es una invención cultural moderna, diseñada para encarnar valores de paz y buen comportamiento, al revés que el origen de la Navidad.
Pedía buen comportamiento… y a cambio prometía regalos.
Una vez más, una jugada brillante.
Los regalos no nacieron del amor desinteresado. Fueron una herramienta cultural para canalizar el exceso. Donde antes había abundancia de comida, alcohol y desorden social por parte de los campesinos, ahora había abundancia en el ámbito doméstico por parte de trabajadores industriales que compraban más que en cualquier fecha para celebrar la reunión con la familia tras todo el año de duro trabajo.
La energía de la fiesta jamás desapareció, solo se redirigió.
Y así llegamos al presente. Una temporada que cada año parece que empieza antes, ya desde que termina Halloween (otra fiesta que daría para analizar), comienzan las campañas de Navidad donde todos quieren sacar su tajada de beneficio. Una presión constante por comprar los regalos con la ahora nueva moda de “Black Friday”. Un ritual de gasto disfrazado de tradición. Una fecha diseñada para venderte nostalgia, culpa por lo que aún no hiciste en el año y una sensación prefabricada de pertenencia.
Antes, la Navidad hablaba de escasez y supervivencia frente al invierno.
Hoy, habla de consumo y nostalgia.
Un drástico cambio que nos hace entender algo crucial: las tradiciones y la cultura no son algo que surge de la nada. Son respuestas sociales a problemas concretos.
Y si fueron creadas… también pueden repensarse.
Feliz Navidad, la celebres como la celebres.
✍️ Te toca a ti: ¿Celebras la Navidad? ¿Cómo lo haces?
💭 Cita del día: “Durante la Navidad, quienes se encontraban en la base de la sociedad se comportaban con altanería. Los hombres podían vestirse como mujeres y las mujeres podían vestirse (y actuar) como hombres. Los jóvenes podían imitar y burlarse de sus mayores (por ejemplo, un niño podía ser elegido “obispo” y asumir, durante un breve periodo, parte de la autoridad de un obispo de verdad). Un campesino podía convertirse en el “Señor” e imitar la autoridad de un auténtico “caballero”. De hecho, hasta el día de hoy, en el ejército británico, el 25 de diciembre los oficiales están obligados a atender a los soldados rasos en las comidas.” — Stephen Nissenbaum, The Battle for Christmas.
¡Nos vemos en la próxima carta! 👋
Referencias 📚
Nissenbaum, S. (2010). The Battle for Christmas.





Me gustaría que hicieras algo similar con Halloween sobre todo desde la parte religiosa ˆ.ˆ